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10 DE JULIO

10 DE JULIO

Cada ensayo tiene su ritmo propio, su tono, sus sensaciones, su manera especial de funcionar las relaciones... De eso se va alimentando también lo que será el resultado global, no sólo de lo que entendemos como trabajo. Forma parte de este oficio aguzar la percepción de lo que está ocurriendo, de cómo la historia de esta aventura va tejiendo sus hilos para acabar trenzando lo que ha de ser un organismo vivo, con su respiración común. Nunca sabemos de antemano, de entre todo el caudal de materiales que se pone en juego (algunos conscientes, la mayoría no), cuáles serán los que se activan con mayor potencia o en qué dirección movilizarán a los actores desde las posibilidades, siempre abiertas, de un texto, una música, un espacio, una luz.

Hoy ha sido un día con un ritmo especialmente diferente. La ausencia de Silvia ha sido sin duda determinante para marcar otra actitud, en cierto modo más dispersa, de apariencia más laxa, y sin embargo muy productiva. Tampoco estaba Luis, ni Marie Laure. En cambio estaba por ahí Merche con su portátil. He llamado a José Luis, que llevaba unos días atascado, como es habitual y necesario en algún momento del proceso. Ha venido al ensayo y hemos probado el funcionamiento de los bocetos de música en diferentes escenas. Hemos reafirmado la mayor parte, modificado otras, acordado temporizaciones... Ha sido decisivo para la continuación de su trabajo, se ha ido animado. Hemos probado también con Inma su chelo en directo, sobre la partitura, para la escena con Amanda "Grabando". Creo que es mejor que estén muy próximas, que Amanda sienta la proximidad de la música (y de Inma). La actitud de Amanda, sonriente, un poco juguetona, se va concretando bien: no sobrecargar para nada el dramatismo, al contrario.

Por lo demás hemos hecho muchas cosas. Trabajo de memorización de "Vienen", repetido una y otra vez hasta que no haya que pensar.

José Luis propone, y estoy de acuerdo, renunciar al tema musical previsto, que más bien estorba: lo reciclaremos para otro momento. Con idea de probar música, retomamos "El Ebro y el mar". Inesperadamente sirve para replantear todo el tono de la escena, veo que mis primeras indicaciones no eran acertadas. Tiene que ser mucho más vivo, más visceral.

Dos escenas nuevas. "Apocalipsis": Javier en las alturas, capta muy bien el tono básico. Creo que la réplica de la gente suena mejor en coro. Seguiremos probando. "Pablo Estella": una primera improvisación sin ninguna indicación. Luego hablamos. Planteo un personaje de comicidad siniestra: hablamos del sepulturero de Hamlet, del ayudante de Frankenstein... Una cojera, alguna deformidad física, relación muy directa con el público en clave de clown... Jugar con la alternancia de la amenaza y la confianza, regodearse con excitación en los aspectos más desagradables de la situación evocada... El personaje empieza a cobrar vida. Propongo también, aparte del juego de malabares con calaveras que está en el texto, jugar con otros objetos y recursos: por ejemplo, un ambientador para rociar hacia la sala, y otras posibilidades sobre las que se puede ir improvisando. Llevará en todo caso un zurrón o bien, tal vez mejor, unos enormes bolsillos en el abrigo.

Prácticamente hemos abocetado ya todas las escenas. Es un momento de confianza. Hablamos de prever que ya vendrán crisis, y superación de las crisis. Nos vamos contentos.

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3 comentarios

Pepe Melero -

Quería ponerme en contacto con este foro, que para mí es de información y tus apuntes me sirven para estar algo más cerca del proceso que ahora estais viviendo. Voy a colgar algo en espacio.

Mariano -

Gracias por tu comentario. En ello andamos, sabiendo que la objetividad es más una aspiración que algo comprobable. El deseo sí, porque quema.

pelai -

Las crisis parecen una parte imprescindible del progreso y el crecimiento de cualquier idea, trabajo, concepto y creación de cualquier tipo. Para su superación no conozco mejores remedios que la objetividad y el deseo. La objetividad nos permite tomar la distancia necesaria para entender el significado del momento. Sin deseo no parece que valga la pena dar ningún paso.
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