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FUNCIONES

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Después de cuatro funciones ya con público "normal", parece que el optimismo se afianza. Uno siempre espera mayor afluencia de espectadores, pero sin ser para tirar cohetes la asistencia está siendo nutrida y la acogida general estupenda. Abundan los elogios entusiastas para el texto, los actores, la luz, la música, la coreografía, la escenografía, el vestuario... En especial llama la atención (como a mí mismo me la sigue llamando) la preparación, la entrega y la emoción de los actores. El teatro son ante todo los actores, siempre. No es frecuente en estos pagos encontrar un nivel de trabajo y compromiso como el que aquí se ve. Y se reconoce. Asisto a todas las funciones y cada vez compruebo eso que se dice de que cada función es única. El trabajo de ensayos sirve, no para encerrar un resultado idéntico, sino para garantizar que hay unos mínimos que van a cumplirse, y a partir de ahí se van sucediendo cada día las pequeñas flaquezas o las súbitas cumbres de milagrosa inspiración. Cada día alguien me sorprende y me emociona con algo inesperado, pero al mismo tiempo no deja de mantenerse el tono general cuajado ya conseguido, y que aún seguiría creciendo sin duda si tuviéramos la ocasión de permanecer en el teatro al menos otra semana. Esta tarde, última función en el Principal. No será fácil para ninguno de los conjurados dejar de volver al lugar del crimen. Al menos hay una actuación inminente, en Móstoles. Después habrá un intervalo, indeseado pero inevitable, hasta que sea posible emprender una segunda vida para la criatura. Todos confiamos en que no tarde. Una de las rarezas de este oficio es la necesidad de aceptar el truncarse bruscamente de un período de excepcional intensidad en la relación de un grupo de personas con las que se comparten emociones muy íntimas. Así es el teatro. "El teatro que es humo y espectro tembloroso de agujeros de humo".

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1 comentario

Pedro Rebollo -

Creo hablar en boca de mis compañeros de reparto al estar de acuerdo con el jefe en aquello de que hemos conseguido una unión especial. Lo triste es que sea especial y también lo es el hecho de que ciudadanos que acuden al teatro estos días, gente que no tiene ninguna relación con el oficio, los auténticos destinatarios de nuestro trabajo, al fin y al cabo, nos muestren una admiración tan sincera. Que se entienda lo que digo. Es triste que hayan tenido que pasar treinta años para que los habitantes de una ciudad que ya ha llegado a la edad de las expos descubran que hay teatro de calidad en su propia casa. Exolicación del término "arte de calidad": aquel que uno puede exponer en cualquier parte del mundo con orgullo, aquel hecho con honestidad, trabajo y radical ausencia de intereses materiales ( léase puestecitos, subvencioncitas, privilegitos y demás alimentos de la ignorancia).
Se ha conseguido que algunos vean el tema que tratamos de un modo nuevo. Se ha conseguido emocionar. Se ha conseguido indignar. Y lo más hermoso e importante es que el espectáculo tiene ya su propia vida que se manifiesta función tras función, creciendo, enriqueciendo el texto, descubriendo nuevos secretos de significación. Un producto cultural, en fin, del que nuestros administradores deberían estar orgullosos, tanto como los administrados. DEBERIAN. Para eso cobran suculentos sueldos salidos de nuestros impuestos, ¿no? DEBERIAN también obtener el rendimiento cultural que, en teoría, están obligados a obtener.
Insisto: el arte de una comunidad nos habla de su madurez espiritual, de su compromiso con los valores que, también en teoría, conforman los cimientos de esa comunidad. Nosotros, los trabajadores de las artes escénicas cumplimos nuestra parte del trato con probada eficacia y honradez. No estaría mal que todas las partes del tinglado cumplieran con la suya. Al fin y al cabo jugamos todos. Y las barajas están mejor intactas.
Y por último una sugerencia: ¿No sería hora ya de probar dos semanas de programación, en lugar de los cuatro o cinco días que ahora se hacen de representaciones?
Y una pregunta ¿Porqué SITIOS SARAGOSSE no ha sido seleccionado para la Feria de Huesca? ¿Quién decide? ¿En función de qué criterios? Aquellos que deciden, ¿ante quién han de responder? ¿Durante cuanto tiempo vamos a seguir consintiendo no tener ningún control sobre ciertas actividades que se hacen con nuestro dinero? ¿Porqué siempre, insisto, SIEMPRE, el palco de autoridades del Teatro Principal, el mejor situado de de toda la sala, permanece vacío? (Supongo que no será así cuando venga Plácido Domingo o Enrique Iglesias, por poner un ejemplo). ..
Y por último, aunque no tenga nada que ver y porque me da la gana ,transmito la pregunta que me hizo un niño el otro día. ¿Porqué si el dinero es tan fácil de fabricar,siete de cada diez pasan hambre y hasta se mueren y todo?
¿Porqué si fabricar dinero es tan fácil no se fabrica el que haga falta y ya está? Yo no tuve tiempo de responderle. Si alguien se anima...

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