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LIBERTÉ ÉGALITÉ FRATERNITÉ

MADRE.- Ese cuello, hijo mío.

HIJO.- Ce cou.

MADRE.- Frágil.

HIJO.- Fragile.

MADRE.- Bastión de esa cabeza.

HIJO.- Tête.

MADRE.- Que brutal se abrió paso entre mis piernas.

HIJO.- Tes jambes.

MADRE.- Cuello, hijo, cabeza.

HIJO.- Cou, fils, tête, mère.

MADRE.- Cabeza, pensamiento del dolor.

HIJO.- Mère douleur.

MADRE.- Máquina dolorosa de pensar.

HIJO.- Les lumières.

MADRE.- Las luces.

HIJO.- Las luces.

MADRE.- ¿No guarda ya memoria del tibio, oscuro vientre, esa cabeza, ese cuello amenazado?

HIJO.- Oubli.

MADRE.-Pensamientos, ideas, maquinaria de peligro de muerte.

HIJO.- Danger de mort, idées.

MADRE.- Ideas extrañas a la Patria.

HIJO.- Enfants de la Patrie.

MADRE.- Escarnecido el nombre que le puse repasando una vez y otra vez el Santoral

a aquel amasijo palpitante que empujé con dolor fuera de mí.

HIJO.- Mon nom.

MADRE.- Tu nombre.

HIJO.- Nombre en francés es número.

MADRE.- Yo no entiendo de números.

HIJO.- Nombre.

MADRE.- Cuello reluciendo de caricias sin número.

HIJO.- Sans nombre.

MADRE.- Cabeza que era yo, que me pusieron en las manos como un fruto de dorada pelusilla

sin nombre, sin historia, sin luces, sin saber para qué.

HIJO.- Les lumières, les lumières, l´Histoire, l´Humanité.

MADRE.- ¿Qué humanidad es ésa?

HIJO.- Enfants de la Patrie.

MADRE.- Hijo mío.

HIJO.-Hijo de ti, de la patria, de las luces, de la fraternidad universal.

Maldigo al invasor y defiendo las ideas que defiende el invasor.

MADRE.- Ideas invasoras.

HIJO.- Ideas que maldicen la invasión.

MADRE.- Ideas que te matan.

HIJO.- Ideas de vivir: liberté, égalité, fraternité.

MADRE.- Cuello desvalido.

HIJO.- Mata la esclavitud, los privilegios.

La rapacidad mata, la ignorancia.

MADRE.- Cuello que berreaba en largas noches.

HIJO.- Cuello para aullar por encima de fronteras.

MADRE.- Cuello.

HIJO.- Cou.

MADRE.- Ahora eres un hombre.

HIJO.- Ombre en francés es sombra. Sin hache.

MADRE.- ¿Qué sé yo de la hache?

HIJO.- Ahora soy la sombra de las luces.

MADRE.- Basta de luces, basta de sombras, basta de palabras.

Yo lo que quiero es luz, una canción,  un hombre.

Yo lo que quiero es algo que pueda parecerse a estar viva.

Quiero escupir a todas las banderas,

Amordazar a todos los himnos criminales,

Arrasar para siempre fronteras, monumentos, medallas

y todos los malditos negocios de la muerte.

HIJO.- Sí.

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CIEGA Y MUERTA

(Dos mujeres. Una viva, ciega. Otra muerta).

 

CIEGA.- Como un espejo negro que no refleja nada, así mis ojos. Sin ver, sin ser mirados, como agujeros negros. Se supone que soy una mujer. ¿Y tú, muerta? Los muertos ya nos pueden mirar, sin cargar con la vergüenza de estar, ¿cómo diría?, de estar tal como estamos los que no estamos muertos. Esta tranquilidad espantosa.

MUERTA.- Una muerta se cansa de mirar. Si pudiera cansarse. Si tuviera tiempo, sería demasiado, todo ese tiempo de mirar. Sé que no tengo tiempo. Tú tampoco. Sé que el tiempo te tiene. Sé que el tiempo es el nombre de la muerte demorada. No necesito nada. Tú supones que tienes derecho a compasión o una mirada o algo.

CIEGA.- Enséñame a mirar sin ser mirada.

MUERTA.- No puedo. Morir no enseña nada, ¿sabes?

CIEGA.- Hazme saber al menos que me miras y lloras.

MUERTA.- Dos bolas desecadas son mis ojos. Dos inutilidades. Dos fábulas sin fin, sin moraleja.

CIEGA.- Dos negros precipicios son los míos.

MUERTA.- Mi piel, una badana. Mi pelo crece aún. Para nadie. Mis uñas.

CIEGA.- La historia de la muerte no conoce el espanto. Pero mis labios, pero mi cuerpo. Desastre de estar viva para nadie. Quisiera ver mis huesos. Ser otra y desnudarme hasta los huesos y también más allá, hasta donde pudiera ser mirada más allá de la vida. Vivir no es lo contrario de morir. Es algo que no sé cómo decir pero existe, lo sé, algunas veces lo sé. Una mujer lo sabe algunas veces.

MUERTA.- Una mujer muerta lo sabe siempre. Una mujer muerta es todo el saber del mundo. Se ríe de los vivos que consumen su vida afanándose en vano por encontrar la fórmula secreta. Te diré que no hay fórmula, nada: no hay verde, no hay cielo. Te diré lo que hay. Hay sólo una distancia de las máscaras del tiempo. Un abismo no: una distancia suave, paciente, como dunas de aire. Sin esperar oasis. Una risa tenue si acaso. La vida es excesiva, diría si pudiese.

CIEGA.- No. Ni sabios ni ignorantes miran la estéril humedad de mis ojos. La desesperación, la ausencia, la vergüenza, la miseria, la soledad sin fondo. ¿La vida dices? ¿Excesiva dices? ¿Qué vida? Dime.

MUERTA.- No. Yo no soy más que el coro de las mujeres muertas. Una voz que te inventas, un público que mire. Déjame en paz. No. Espera.

CIEGA.- ¿Qué?

MUERTA.- Cuéntame tu vida.

CIEGA.- No. ¿Para qué?

MUERTA.- Cada historia es más aire. Cada historia libera otras historias. Si no tu vida, cuéntame la mía.

CIEGA.- ¿Tu vida?

MUERTA.- Sí. Yo no tengo memoria, sólo frío. Invéntate una historia y llámala mi vida.

CIEGA.- No. No hay historias. Ya no queda tiempo. Sólo un cuervo que vaga aleteando sobre una nube negra. Y un cañón le dispara y ya no vuela. La pólvora y la nube, ya no hay más.

MUERTA.- Dame la mano.

CIEGA.- Sí.

GATOS

GATOS

.-Gatos.

Gatos.

Mis gatos.

Cinco gatos.

Diez ojos como lunas incendiadas.

Veinte patitas de correr sonámbulo.

Uñas que arañan la raíz del sueño.

Montañitas de pelo.

Tibias cosquillas para el cuello herido.

Mis gatos dónde están.

Mis gatos.

Cinco gatos perdidos dónde están.

Yo les daba mis hígados, mi leche.

Mis sardinas les daba.

Mis caricias, mis juegos, mis palabras.

Susurros sobre cada cañonazo.

Gatos de Zaragoza.

Los gatos dónde están en Zaragoza.

Husmeando despojos de despojos.

Furtivos sospechando de otra especie

entregada a la muerte, al hambre, al frío.

Gatos.

Gatos.

Mis gatos.

Cinco gatos.

Gatos de Zaragoza.

Quién se acuerda en la guerra de los gatos.

Quién se acuerda de mí, quién de la vida.

Quién vive, se pregunta el centinela.

Mis gatos, centinela, dónde están.

Gatos merodeando en el desastre.

Cinco gatos perdidos.

Gatos maullando en la ciudad perdida.

Plañir de gatos por la ciudad muerta.

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MADRE

MADRE.- Relatar la vergüenza es ya ser libre,

Ese temblor que grita o que susurra,

Ese rayo que nombra lo innombrable,

Esa máscara ciega de ver tanto,

Esa herida cerrada antes de abrirse,

Ese espanto feliz de no ser nada,

Esa alta forma de conocimiento

Que da la certidumbre de la pérdida.

Sin forma, sin pesar, sin suelo patrio,

Sin otra propiedad que la existencia

Y aun la existencia en duda o en suspenso.

Como una flor suicida en el desierto,

Como una vida en la costumbre muerta,

Como un terror de ser sin borraduras.

Un eco de verdad ya disipándose,

Sin virtud, sin valor, sin descendencia,

Sólo una luz incierta y sus desastres

Iluminando lo que ya no importa,

Dando cobijo a un resto de una sombra.

Sólo la guerra, la vergüenza sólo.

Sólo hablar por no hablar, vestir de ausencia

Las mañanas, las tardes y las noches.

Sólo un ritmo cansado, sólo un ritmo.

 

EL CORO DE LOS HÉROES MUERTOS

 

 

 

 

Pero nosotros cánticos y honores: eso recibiremos. /

Cánticos y honores, nosotros, los héroes muertos de la muerte natural de la guerra. /

Retumbar de tambores, estridor de trompetas y también: /

Rimas, nombres de calles, sesiones académicas, medallas. /

Cataratas de frases rimbombantes donde chorrillos era mísera la sangre. /

Hace frío. /

Hay ruinas de sudores, /

excrementos del miedo, /

cascotes de los tímpanos del héroe /

donde el cantar, donde el amor, donde la risa había, /

donde la tregua del escalofrío /

o el trémulo mirarse de los atardeceres a la vera del río del otoño. /

Agujeros el héroe, agujeros de piedra sin paisaje, /

agujeros el cuerpo, los ojos, la camisa, la muerte de los héroes muertos. /

Cordilleras de cuerpos como piedra reventada, /

atronados de oír no sonidos triunfales ni espantosos: sólo ecos, /

remotísimos ecos de tormentas de tiempos imposibles, /

memoria desollada de cráneos sin memoria: /

que el estruendo del héroe consiste en perder toda memoria /

para memoria sólo de los otros no mudos, no sordos, no inventados. /

Tiempo sin tiempo alguno, /

derribo de la historia, /

material de silencio. /

Callad pues. Sólo fluyan océanos y ríos y gotitas de niebla sigilosa. /

Propáguense agujeros llenando las palabras una a una /

y llenando las pausas, el aliento, los músculos del verbo. /

Y las admiraciones: ¡por favor, agujeros en las admiraciones! /

Hablen los agujeros de la Historia, /

la Historia de la Muerte universal, de la Peste universal, del Heroísmo universal: /

la estúpida Maestra de Muerte y de Peste y de Heroísmo. /

Por eso se hablará pero no hablará nadie. /

El teatro hablará. El teatro que no es nadie. /

El teatro que es humo y espectro tembloroso de agujeros de humo. /

Hablará la memoria ardiendo sola. /

Hablarán cuerpos mudos, sordos, inventados. /

Tiempo sin tiempo alguno, /

derribo de la Historia, /

material de silencio.

 

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